Javier Rebolledo y los cuervos de la DINA

39 años, tres libros, un documental y otro reportaje. Ese es el currículum de quien es un especialista en obras periodísticas acerca de la violación a los Derechos Humanos durante la dictadura. Acaba de lanzar “A la sombra de los cuervos” para finalizar la trilogía iniciada tres años atrás, cuando por casualidad se encontrara con dos carnets de presuntos detenidos desaparecidos. En la actualidad, mientras se encuentra en plena pugna con el Comandante en Jefe del Ejército para que revele los nombres de los ex agentes de la DINA que se encuentran activos en la institución, hace una mirada retrospectiva y repasa los momentos más álgidos de su investigación, así como también sus motivos para meterse en este tema. “Toda lucha social necesita una épica. Es la historia de anónimos que están ahí. Y es tiempo de contarla”, asegura. 

Vestido completamente de negro, Javier Rebolledo entra a la sala y se sienta en una silla. Cruza una pierna sobre la otra y entrelaza sus brazos. Inclina su cabeza hacia la derecha y afirma: “hay dos países distintos: el que existía previo a la dictadura militar y el que existe ahora. Las personas que participaron en este cambio lo hicieron con la intención de cambiar el sistema en su conjunto, incluido la forma de pensar. Creo que fueron exitosos, porque hoy en día la sociedad se basa en el consumo, además de ser competitiva y menos participativa”.

Autor del libro “A la sombra de los cuervos”, lanzado este año, Rebolledo ha centrado su trabajo periodístico en recoger testimonios de torturados que fueron víctimas de la Dirección de Inteligencia Nacional  (DINA), plasmándolos en las dos obras que anteceden a su creación más reciente: La danza de los cuervos (2012) y El despertar de los cuervos (2013).

El motivo que gatilló su intención de investigar este tema, confiesa, fue meramente casual. “El año 2005 estaba trabajando sobre el Servicio Nacional de Menores (SENAME) y su Sistema de Protección. Un día se encontraron dos carnets del año de la cocoa y preguntando me enteré que la administración anterior había pertenecido a la DINA. Fui a la comisión de los Derechos Humanos a preguntar por esos nombres, a ver si es que había encontrado a dos detenidos desaparecidos”.

rebolledo 1Finalmente, no solo resultó que uno de ellos había sido torturado, sino que además,  el inmobiliario anterior había sido el centro de exterminio Simón Bolívar, donde solo uno de todos los prisioneros que ingresaron logró salir con vida.

Escribir para sanar

Rebolledo no esconde la rabia al hablar sobre la dictadura, y admite estar fuertemente influenciado por el profundo sentimiento anti pinochetista de su madre. Su infancia, recuerda, no estuvo ajena a las atrocidades cometidas por la Junta Militar. “El caso Anfruns fue un ícono, una técnica de inteligencia refinada para sembrar el terror en la sociedad”, rememora. Aún así, debido a su contexto social, se encontraba moderadamente alejado de los sucesos políticos que sacudían al país.

No fue hasta que leyó por primera vez “Tejas Verdes” -la temática de su segundo libro- cuando se sensibilizó por las personas torturadas y no solo desaparecidas, marcando un antes y un después en su intención literaria.

“Fue mi primera experiencia con los testimonios. Quedé impactado. Horrorizado. Me costó resolver qué hacer con eso, pero a partir de esa experiencia decidí dedicarme a esto”, cuenta frunciendo el ceño y mirando el piso.

“La danza de los Cuervos fue un libro que hice para mi. También pensando en el resto, pero era mucha rabia la que tenía y no pensaba escribir más libros. Los demás fueron a pedido”, analiza.

“Nunca he vuelto a leer nada tan horroroso”

Concluido su primer libro Rebolledo se encontraba cansado, “pero en el lanzamiento de él, las personas (de Tejas Verdes) me dijeron ¿y cuándo nosotros? y lo hice. Hice ‘El despertar de los Cuervos’ y fue doloroso para todos.

– ¿Por qué?

– “Porque ahí involucraba otros sentimientos. Yo conocía esos testimonios porque eran los que había leído primero y eran las mismas personas. No sabían a lo que se iban a enfrentar y que yo iba a ser un periodista frente a ellos. Fue muy duro, hubo entrevistas que no pude hacer, otras que tuve que cerrar y otras veces en que me sentí muy mal”.


Rebolledo dice que “había una parte importante de la sociedad que no tenía conocimiento concreto de lo que habían sido las torturas. Yo había leído estos testimonios de Tejas Verdes cuando me pasaron el libro y nunca he vuelto a leer nada tan horroroso. En los centros de experimentación Nazi he leído cosas parecidas, pero lo que hicieron con esa gente y la capacidad que tuvieron para seguir con sus vidas me despierta mucha admiración”.

Finalmente, en cuanto a su último libro y en sus palabras, fue para “ponerle el cascabel al gato y decir que esta cuestión nunca fue matar por matar, torturar por torturar ni sembrar el terror por sembrar el terror. Y esa es la falsa dicotomía que plantean los tecnócratas, que una cosa son las violaciones a los DDHH y otra el milagro económico, que se arrepienten por omisión y que no sabían. Mentira. Todo el cambio económico lo hicieron gracias a las torturas. Están unidas indivisiblemente”.

El legado de la dictadura

En la actualidad, Rebolledo se encuentra en pleno proceso para convencer a la Comisión de DDHH de la Cámara de Diputados de que el Comandante en Jefe del Ejército, Humberto Oviedo, revele los nombres de la treintena de ex agentes de la CNI que hoy en día trabajan para la institución militar.

Sin embargo, su acusación va más allá: “lo que yo digo es que esos 36 no solo trabajan para el Ejército, sino que también para la central de inteligencia de la organización. Traen las enseñanzas de la dictadura, lo que me parece preocupante, como también que el Comandante en Jefe no de los nombres de esas personas y que nos haga confiar en que no están vinculadas a violaciones a los DDHH”.

Javier Rebolledo on Vimeo.

Reflexivo, mirando el techo y extendiendo -por primera vez- sus brazos, Rebolledo finalmente advierte que “en el caso de Tejas Verdes me encontré con toda una generación de suboficiales de Carabineros que pasó a la DINA transformándose en violadores de los DDHH. Eso da luces sobre la fragilidad de la personalidad humana y cuánto se puede modelar y por qué aplicaban estas torturas y técnicas psicológicas en el país. Yo no creo que todos hayan sido malos de naturaleza, ahí hubo un proceso y de eso hay que cuidarnos. Que el Estado no de las herramientas para transformar a esas personas.  

Benjamín Miranda

Para ver la entrevista completa, haz click aquí 

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