Alexánder López: “En Chile la vivienda no es un derecho, es un privilegio”

Militante en el Partido Comunista desde los 16 años y compañero de lucha de Margarita Urra desde que ella salió electa concejal. López trabajó codo a codo, puño a puño, con los actuales pobladores de Villa Las Margaritas para que ellos pudieran hacer realidad el sueño de la casa propia. En la lucha no sólo vio las desigualdades que viven algunos, también las fuerzas que tienen muchos.

 Por Peter Marschhausen, Victoria Parra y Javier Sandoval

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A penas Alexánder López  se acerca a la Villa Las Margaritas, ubicada entre las comunas de El Bosque y San Bernardo, los pobladores de dicho lugar lo saludan cordialmente. López, junto a la concejala Margarita Urra, fueron quienes lideraron una lucha que tuvo como fin darles techo a 700 familias. No fue fácil. Algunos tuvieron que dejar varias cosas de lado –incluso a sus familias– para salir a la calle, ver cómo algunos compañeros abandonaban la batalla por agotamiento, incluso superar una estafa. Les costó, pero después de 8 años todo el cansancio se transformó en alegría, emoción y orgullo, ya que por fin pudieron tener un techo donde comer, dormir y sobre todo tener el derecho de vivir en paz.

 ¿Cómo terminaste siendo secretario de Margarita Urra?

Yo no trabajé en su campaña, pero nos conocimos porque yo militaba en el Partido Comunista desde los 16 años. Cuando salió electa, me llamó por teléfono y acepté trabajar con ella para iniciar una nueva etapa. Empezamos con inexperiencia en todo, sin embargo llegamos a aprender en un espacio que para nosotros era desconocido, pero atrayente. Margarita, antes de ser elegida, ya venía trabajando con los comités de allegados. Me sumé a una tarea que ya venía en marcha. Empecé a trabajar en la concejalía para aprender lo que era un municipio desde dentro.

¿Cuál ha sido la trayectoria de dirigente social que ha tenido Margarita?

Ella ha trabajado en hartos espacios. Trabajó en la pelea del histórico persa Los Morros cuando venía la construcción de los corredores para la implementación del Transantiago. Justamente uno de los corredores iba a ser Avenida Los Morros, actual Padre Hurtado, y eso significaba que había que sacar el persa. En ese tiempo nosotros éramos oposición de la Concertación y ahí el Partido Comunista, que tenía presencia en el persa, empezó la defensa de aquel. En esa época Margarita cumplió un rol importante, tal vez no como figura pública, pero sí desde el trabajo más organizacional. También estuvo presente en su junta de vecinos de la población Cóndores de Chile cuando postuló al Plan Vivienda Progresiva.

¿Cuál es el atributo que más destacas de Margarita?

La perseverancia. A mí me impresiona cómo no se cansa. Es impresionante la energía que tiene. La figura de la Margarita es potente. Es fuerza, es energía, es lucha. Es de la escuela de Gladys Marín, de las peleadoras.

De los ocho años que duró la lucha por la Villa, ¿cuál crees que fue el momento clave de la lucha y el más conflictivo?

El momento clave también fue el más conflictivo: cuando conseguimos el terreno. En ese momento el SERVIU no nos reconoció el acuerdo que teníamos con el Gobierno saliente y nos quitó el lugar. Todo por culpa de ese discurso de “el Gobierno anterior” con que llegó Sebastián Piñera. Ellos dijeron que no iban a reconocer nada que estuviera visto por el antiguo mandato de Michelle Bachelet.

No sólo regalaron terrenos

 En lo personal, ¿qué es lo que más rescataste del proceso?

El aprendizaje. Nunca creí que esto iba a terminar así ni que iba a ser tan bonito. Cuando entregamos esto yo lo miraba y me cagaba de la risa. Decía “la hueá que hicimos” (risas). Ahí comprendimos que todos los pasos que dimos fueron los correctos.

¿Cuál sientes que es la gran herencia que les dejaron a los pobladores de la villa?

La organización de las personas. Que opinen, que no se queden calladas y generen críticas y autocríticas. Con Margarita decíamos que, como comunistas, debíamos entregarles herramientas a las personas, y esa fue la organización.

¿A qué problemas crees que se enfrentan con más regularidad los pobladores y pobladoras?

La gente tiene muchos problemas de consumo eléctrico, de agua y deudas. Existen pobladores que no tiene ni arranque de agua porque instalarlo es muy caro para ellos. Esas son las dificultades comunes. Igual hay particularidades. En el trabajo ves de todo. El hecho de que te relaciones con la población, las juntas de vecinos, clubes deportivos y de adultos mayores hace que vayas conociendo no solamente la organización, sino que también a las personas, y ellas pertenecen a una familia y ésta a su vez está compuesta por una cantidad de personas  que también tienen otros problemas. Me ha tocado ver casos de maltrato familiar, de violencia hacia mujeres. Incluso de violación.

 ¿Crees que se puede mejorar algo en la villa?

Creo que todos estamos aprendiendo. Desde Margarita, pasando por mí, hasta quienes viven acá. Tuvimos miedo porque no sabíamos a qué nos íbamos a enfrentar. Ha sido positivo. ¿Cosas que mejorar? No sabría. Si le preguntas a las familias, este lugar es mejor que el lugar donde venían. La gente seguirá construyendo sola una comunidad. Saben que si no se organizan ni se mantienen unidos esto se puede caer. La organización es la clave para la villa, es lo más importante de este espacio.

  ¿Qué crees que se puede hacer para mejorar el problema de la vivienda en Chile?

El gran problema de Chile es la constitución. Si aquí tú no generas el cambio constitucional vamos a seguir tal como estamos. La constitución del 80 significó el gran saqueo al Estado, que representaba en gran medida las luchas obreras y la organización de la gente. Antes existía una constructora estatal, pero hoy sólo hay inmobiliarias privadas. Tenemos que acabar con la mercantilización de los derechos esenciales dentro de la sociedad. El derecho vivienda, salud y educación son un privilegio basado en la capacidad monetaria.

¿Y eso cambió con la llegada de la democracia?

Nada. Han resaltado el rol empresarial, pero ninguna inversión social del estado. Los bonos marzo no son inversiones sociales. Este sistema de vida está colapsado, y si no pensamos en una nueva institucionalidad nos vamos a ir a la mierda. Todo sube menos los sueldos. Hasta morir sale caro. Si se ve desde ese sentido, acá la gente obtuvo una vivienda sin deuda. ¿Le aliviamos la carga? Caleta. Les entregamos un espacio para que tengan una mejor calidad de vida y si eso se ve reflejado en otras cosas, mejor.

Escucha la entrevista aquí

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