Javier Macaya Danús: el rostro que promete cambiar la UDI

“Si la UDI no hace un cambio radical, que habla también en lo de cambiar los principios, hay un asunto de subsistencia”. Así cataloga Javier Macaya la situación actual del partido más conservador del país, fundado por el mártir Jaime Guzmán, y del cual es presidente interino luego de la renuncia de Ernesto Silva. Y es que en el último tiempo la Unión demócrata independiente ha sufrido un terremoto interno que está dejando numerosos políticos damnificados.

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El cadete atípico de la UDI
No es de una familia de políticos, pero en el camino ha aprendido a ser el prototipo UDI que hijos de Longueira o Chadwick no han logrado. Su carisma lo ha logrado instaurar como una de las caras prometedoras del partido. Desde el 2010 que es parte de la UDI popular, pero sus inicios en la política se remontan desde mucho antes en la ciudad de viña del mar. Macaya es provinciano, colchagüino de corazón. A los 18 años entró a estudiar derecho en la Universidad Católica de Chile, sin ser el prototipo de “chico PUC ABC1”, más bien era un provinciano carretero, y fue en la clase de derecho constitucional que Javier, encontró a su gurú político-espiritual que lo inició al gremialismo: Andrés Chadwick. En su vida universitaria fue fiestero, pero buen alumno. Cumplía con sus deberes y gozaba sus derechos. A fines de los ‘90, tuvo un afianzamiento con Chadwick , cuando Macaya le ayudó con contactos de familiares de San Fernando, para su campaña senatorial. Obtuvo su licenciatura el año 2004. Posteriormente, tuvo una pasantía por inglaterra para perfeccionar su inglés, luego se casó con la abogada Constanza Farías Prieto, y a través de la fundación Jaime Guzmán llegó a trabajar a la municipalidad de Viña del mar, iniciando su vida profesional y política en Chile. Pero no fue hasta el 2009, que se acercó a su ex profesor de derecho constitucional y primo del ex presidente Piñera, a quien le pidió ayuda para ser el sucesor de Juan Masferrer (UDI) ex diputado por el distrito 34, que hoy representa, y que fue, al fin y al cabo, el cargo que lo inscribió en la Unión Demócrata Independiente, y que lo postula hoy como su nuevo rostro. Frente al panorama de renovación de la UDI, Macaya tiene una postura firme. Reconoce que deben replantearse como partido, asegura que es posible reinventar los principios y que se necesitan nuevos rostros. Rostros que sean de ideología gremialista pero sin la mentalidad de quienes trabajaron o estuvieron vinculados en dictadura. Quieren nuevas mentalidades que estén dispuestas a dialogar cualquier tema, menos el aborto, por supuesto. Pero nadie, ni siquiera Macaya quiere convertirse en el nuevo rostro de la UDI, y él mismo explica por qué: “hay pocos que quieren agarrar el fierro caliente en que se convirtió la política en general y la UDI en particular. Yo tengo disposición, y lo digo al tiro, pero como candidato tampoco voy a hacer un ejercicio en donde sólo voy a ponerle el pecho a las balas a circunstancias que se vienen complejas en los próximos meses”.

La pesadilla de Macaya: Penta & SQM
Hace unos días cuando fue cuestionado acerca de su vinculación con el Caso Penta, y la posibilidad de una inhabilitación tras esto, aseguró que el correo electrónico en donde se le aludía, era un correo electrónico del cual se enteró en el contexto de la investigación del caso, no antes, y que fue justamente por eso que en período de campaña tomó la decisión optar por un financiamiento de campaña alternativo, “voy a ser súper confidente con este tema, le pedí a un hermano y a un pariente que me ayudaran en el tema de la recolección de lucas. Es justamente lo que se busca evitar con la ley de aporte reservado, se acreditó en el marco de la investigación, de que a mí me habían dado plata de este grupo mediante la vía reservada. Yo ahí me enteré y claro tenía sospecha. Pero no, no me considero inhabilitado.” Hace pocas horas se dio a conocer otra situación que pone en aprietos al timonel de la UDI, luego de que se conociera que Constanza Farías, esposa de Macaya, emitió una boleta en el año 2012 por $5 millones a SQM, las cuales corresponderían a cinco auditorías a juicios que realizó durante tres meses y por los que cobró un precio el que se considera de mercado. “Se trata de servicios prestados por ella como abogada. Es una buena profesional y yo nunca he interferido en sus decisiones laborales”, explicó Macaya al portal The Clinic Online.

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